Patricia Arache
Santo Domingo-RD-04-11-2023,.Cuando en la primavera del año 2011, inmensas cantidades de algas, que no sabíamos identificarlas, comenzaron a cubrir casi todas las playas del litoral Este, que luego se esparcieron por otras regiones de República Dominicana, muchos pensaron que “lo peor” había llegado.
Las
playas del Caribe estaban plagadas de lo que, después se supo, se llama
“sargazo” y el país no era la excepción, lo que generó gran preocupación, debido
a que, además de provocar múltiples problemas de salud, la situación impactaba
la principal fuente de ingresos y bastión de la economía nacional, desde los
años 90.
Durante
mucho tiempo los sectores gubernamental y hotelero intentaron hacer frente al
flujo del sargazo en las playas, que se convierte, fuera del agua, en una masa
hedionda y nauseabunda, cerca de la cual es casi imposible permanecer.
Los
esfuerzos por combatir el sargazo, entonces, derivaron en acciones que
atentaban contra el medio ambiente y los recursos naturales porque, en el afán
de crear barreras contra la penetración de esas molestosas algas, los hoteleros
y dependientes recurrían a equipos pesados y otros instrumentos que lesionaban
la naturaleza misma de las playas.
Ha
transcurrido más de una década desde aquella primavera, en la que se
bloquearon, incluso, costumbres de familias locales de visitar las playas los
fines de semana y cada vez que se tuviera un chance y que colocó en situación tan
difícil a la industria del turismo que hasta pudo haberla hecho sucumbir.
Muchas
voluntades, el Estado, empresarios, academias y sociedad civil se unificaron en
un concierto de voces para la búsqueda de soluciones a un problema que de no
haberse tratado con presteza habría sepultado el renglón de la economía
nacional que, de acuerdo a estadísticas recientes, aporta aproximadamente el
26% del Producto Interno Bruto (PIB).
Recientemente,
el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, en la voz del
viceministro de Recursos marino y costero, José Ramón Reyes, calificó el
sargazo como una catástrofe para la economía y el turismo dominicanos.
Ciertamente,
sería una catástrofe si no se buscaran salidas para evitar que ese sargazo
cubra nuestras playas y si, mientras tanto, no se estuviera aprovechando gran
cantidad de esas algas para impulsar las exportaciones de materia prima hacia
otros puntos del mundo, en torno a lo cual, al parecer, no hay intervención
gubernamental.
Una
información ofrecida por el empresario Andrés Bisonó León, quien ideó un equipo
mecánico que ha permitido la extracción de más de 10 millones de libras de
sargazo desde el año 2018 a la fecha, revela la existencia de un nuevo negocio
en el país.
El
empresario, fundador CEO de SOS Carbon, detalló que esa empresa ha enviado sargazo
a unos diez países, entre los que figuran Finlandia, en primer lugar, que lo
utiliza para la elaboración de cosméticos; así como Australia, y también
California, en Estados Unidos de Norteamérica, donde lo convierten en plásticos
biodegradables.
Esas
prácticas son muestras inequívocas de que cuando se quiere, se puede, y de que
siempre habrá fórmulas para convertir debilidades y amenazas en grandes
oportunidades.
Estas
son acciones importantes a favor de la salud de la gente, del medio ambiente, del
turismo y de la economía del país, provenientes del sector privado, que también
abren campos a posibles nuevas inversiones extranjeras y, con ello, a la
creación de empleos. Esta es, sin dudas,
una muy buena historia para contar.
¡Es una gran noticia! Sí, se pueden convertir
debilidades y fortalezas en grandes oportunidades.

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