@patriciarachePatricia
Arache
Santo Domingo-RD-13-05-2023,.La Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció
el pasado viernes el fin de la emergencia sanitaria que por tres años mantuvo
por la incidencia del COVID-19. Naturalmente, todos lo hemos celebrado como una
muy buena noticia.
Ese período cambió el mundo. La gente es otra desde entonces y pocos dudan que hasta los mismos sistemas de gobernanza han tenido que modificar en mucho o algo sus modos y estilos para propiciar más el entendimiento entre la gente.
Debilidades de carácter socio-económico e
institucional aumentaron en distintas partes del mundo, sin que República
Dominicana fuera la excepción; al contrario; y todo ello devino en mayores
preocupaciones y hasta en retroceso sobre ligeros avances que venían
registrándose en ámbitos vitales para la sana convivencia humana.
Así vimos como los niveles de alimentación,
salud, educación, seguridad, producción y otros registraron considerables
disminuciones en distintos países, mientras se elevaron otros como los de la
delincuencia, la violencia, la desesperanza, el desconsuelo, la desidia y la
apatía.
La realidad es que autoridades de organismos
internacionales sanitarios advierten, y debemos escucharlas, que el COVID-19
sigue siendo una prioridad de salud pública global. Y creo que todos lo estamos
viendo a diario. Nunca hemos dejado de registrar casos.
"No podemos bajar la guardia, debemos seguir
vacunando a la población vulnerable y reforzando la vigilancia. También es
tiempo de enfocarnos en prepararnos mejor para próximas emergencias y
reconstruir mejor hacia un futuro más sano y sostenible", advierte, el director
de la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) Jarbas Barbosa.
Y la precisión sobre el impacto que sigue provocando
el COVID-19 al mundo, la colocó el director de la OMS, Tedros Adhanom
Ghebreyesus cuando informó el cese de la emergencia sanitaria: “La semana
pasada, el COVID-19 cobró una vida cada tres minutos. Lo que esto significa es
que ha llegado el momento de que los países pasen del modo de emergencia a la
gestión del COVID-19 junto con otras enfermedades infecciosas".
La exposición está tan clara que no ameritaría
explicaciones, si no fuese porque somos muy dados a coger el rábano por las
hojas; a banalizar lo profundo y a complicar lo sencillo.
El
COVID-19 no se ha ido. Sigue con nosotros, aunque en menor proporción que la
que tuvimos cuando la OMS debió declarar la emergencia sanitaria el 30 de enero
del año 2020; y que cuando en marzo de ese año la calificó como pandemia.
Desde entonces se reportaron oficialmente más de
765 millones de casos de coronavirus y casi siete millones de muertes en el
mundo, aunque la OMS considera que la cifra es mucho mayor y el director de ese
organismo estima que hubo al menos 20 millones de fallecidos en el mundo a
causa del virus.
Un virus que sigue pasando factura, tres años
después. Para muestra múltiples botones. Se de varios casos actuales de
COVID-19, y si a esto sumamos las estadísticas registradas por las autoridades
de Salud Pública de República Dominicana, suministradas a organismos
internacionales, nos colocamos en presencia de lo que puede definirse como la
amenaza de un peligro.
De acuerdo a estadísticas internacionales, al
presente mes de mayo del 2023, se han registrado en República Dominicana, 661
mil casos de COVID-19; en Estados Unidos, se reporta una incidencia de 106.8 millones
casos; en Colombia, se cuentan 6 mil 365, y en el vecino país de Haití, 34 mil
228 casos.
Estos datos revelan que sí debemos tener cuidado,
mucho cuidado: “Él no se ha ido. Sigue atacando sin piedad”.
¡Ojo con eso!

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