
La idea de que la frontera es un lugar lejano e inhóspito con
poco que ofrecer al desarrollo del país solo existe en la mente de quienes no
conocen su realidad.
La zona fronteriza dominicana es, en términos productivos,
fundamentalmente agropecuaria, dice el director de la Dirección General de
Desarrollo Fronterizo (DGDF), Ramón Pérez Tejada, en el Encuentro Verde de
Listín Diario.
“En la frontera están las provincias mayores productoras de
leche de vaca; en la frontera te encuentras con provincias como Bahoruco, que
es de las mayores productoras de plátano del país. Te vas a Elías Piña y es la
provincia mayor productora de aguacate para la exportación. Tanto Pedernales
como Montecristi son provincias con un gran potencial turístico”.
De la frontera destaca, además, su turismo religioso,
balnearios, lugares de gran atractivo ecoturístico como Río Limpio y el lago
Enriquillo y sus monumentos históricos.
“Los monumentos de mayor significación para la construcción de la
dominicanidad y forjar la libertad de República Dominicana están en la
frontera. No encuentras otra estructura que le sea comparable al monumento
Grito de Capotillo, y la gente desde que pisa ahí queda maravillada”.
Esto también pasa, dice el abogado oriundo de Loma de
Cabrera, con la carretera Internacional, la que considera uno de los mejores
paisajes del país y no precisamente porque tenga muchos árboles, sino porque
“tiene unos colores de unas dimensiones que no encuentras en ningún otro
punto”.
La otra actividad importante de la frontera es la actividad
comercial en el mercado binacional. “Haití es nuestro segundo socio comercial,
y ese negocio se hace en la frontera”.
Con tanto potencial
económico, ¿por qué sigue siendo la zona fronteriza la más pobre y vulnerable
del país?
Porque tradicionalmente
la frontera ha sido abandonada, responde Pérez.
“No puedes lograr desarrollo cuando no tienes carreteras en
buenas condiciones -y las peores carreteras del país están en la frontera-, ni
servicios básicos ni telecomunicaciones. Tener una buena señal en la frontera
es una obra de arte, y una empresa que no esté conectada con el mundo no
existe. Lo primero que tienes que venderle a un empresario es buen servicio de
comunicaciones, porque eso lo conecta con el mundo”.
Admite que las comunidades fronterizas, guardianas de la
frontera, han sido hasta ahora absolutamente abandonadas por el Estado
dominicano. “Nosotros tenemos el compromiso de cambiar eso”, dice.
La zona fronteriza está compuesta por las provincias
Pedernales, Independencia, Elías Piña, Dajabón, Montecristi, Santiago Rodríguez
y Barohuco. Las dos últimas no comparten frontera física con Haití, pero fueron
incluidas debido a que comparten los mismos niveles socioeconómicos.
“Estamos hablando del 8% de la población nacional y cualquier
empresa con ese mercado tiene la capacidad de subsistir de manera exitosa. La
gran ventaja de la frontera es que si estableces buena conexión de negocios con
Haití tienes entonces más de la mitad de la población haitiana que depende de
lo que tú produzcas en la frontera”, sostiene Pérez.
SE BUSCAN EMPRESARIOS
CON VISIÓN
Lo que ha ocurrido hasta ahora, señala el autor del libro “La
eterna noche de dos fantasmas”, es que el gran negocio que se hace en la
frontera no beneficia a las empresas que están instaladas allí, sino que
beneficia al gran empresariado nacional.
“Quienes venden en la frontera son las grandes empresas
nacionales. Hay, por ejemplo, empresas que producen productos que solamente
tienen mercado en Haití y estos productos no aparecen siquiera registrados en
su plantilla local, porque los pasan a consignación a alguien de la frontera y
él es que lo vende, el que hace todas las operaciones en Haití a su nombre, y
eso no se refleja como elemento de producción de esa empresa. Sin embargo, la
gran beneficiaria es esa empresa que está en la gran ciudad. Y no estoy hablando
dizque del 15 o 20 por ciento. No, no. El 90, 80 por ciento del gran negocio de
la frontera pertenece al gran empresariado nacional”.
Y no está mal, expresa.
“Es algo normal. Lo que quiero significar es que hay un gran
mercado en la frontera; que lo que necesitamos es empresarios con una visión
clara de cuál es su punto de ataque para hacer grandes negocios y les va a ir
bastante bien”.
En la frontera existen unas 87 empresas acogidas en la Ley
28-01, que crea una zona especial de desarrollo fronterizo. La extensión de esa
ley es la 12-21, promulgada en enero pasado por el Poder Ejecutivo.
La mayoría se dedica a la producción agroindustrial. El grupo
Macapi, que se dedica a la producción de aguacates, es la principal empleadora
de la provincia Elías Piña.
De acuerdo con Pérez, últimamente ha aumentado el interés del
empresariado por el ensamblaje de vehículos y motores.
“Por el lado de la frontera norte está el océano Atlántico,
el océano de los grandes negocios del mundo. Si tienes un buen muelle ahí, en
vez de establecerte por ejemplo en Santiago o en Santo Domingo, si te
estableces en la misma línea fronteriza, desde ahí vas a exportar el negocio”.
Ese tipo de inversión
es el que ha faltado en la frontera, comenta.
“Con un muelle que es infuncional para las grandes
embarcaciones no puedes hacer grandes exportaciones. Ahora, cuando les creas un
buen muelle, evidentemente que el que está en Miami en vez de pensar en irse a
Punta Caucedo se va a ir a Manzanillo. Y si tienes ahí las demás estructuras de
almacenamiento, ese será su muelle favorito y eso se traduce en una gran
oportunidad de negocios para la gente de la frontera”.
Y donde hay negocios –sigue Pérez- hay inversionistas, y
donde hay inversionistas hay empleos, “y la gente va donde hay empleo”.
Estoy convencido de que el desarrollo de la frontera o es
ahora o es nunca, porque tenemos un Presidente con el corazón puesto en la
frontera. Cuando logras eso, un
presidente enfocado en desarrollar la frontera, y se aprueba un nuevo
marco legal que permita la inversión en la frontera, son combinaciones que
tienes que empujar; pero, además, ir creando otros espacios que la gente
perciba que eso es una realidad”.
RESTAURAR ESPACIOS
Reducir la pérdida de
bosques es una de los principales retos que tiene por delante la Dirección
General de Desarrollo Fronterizo (DGDF).
Un acuerdo con el Grupo Jaragua le permite trabajar en la
protección de la biodiversidad en las provincias Pedernales e Independencia.
La DGDF puso a disposición de la organización sin fines de
lucro sus viveros para la producción de plantas propias de la zona.
“Tenemos 21 viveros en la frontera produciendo plantas para
donarlas a la gente y para nosotros emprender nuestra propia campaña y jornadas
de reforestación”, dijo el director de la DGDF, Ramón Pérez Tejada, en el
Encuentro Verde de Listín Diario.
En ese sentido, asegura que en la frontera hay un compromiso
doble: vencer la desertificación que produce el dominicano y frenar el ataque
feroz que llega desde Haití.
Encima, dice, hay que producir árboles suficientes que
generen un clima apropiado para contrarrestar el calor que llega desde Haití
producto de la desertificación en ese lado de la frontera.
“La frontera tiene hoy en día una temperatura muy diferente a
como la tenía hace 30 años; se ha ido calentando poco a poco y es producto de
ese calor que nos llega desde Haití. Nosotros somos conscientes de ello y por
eso desde que llegamos a la institución dijimos que uno de nuestros pilares es
la reforestación. Y vamos a caminar conjuntamente con todo el mundo en esa
actividad, porque por duro que sea el ataque que nos llegue desde Haití, si lo
emprendemos con seriedad, con determinación lo vamos a contrarrestar”.
Pérez comenta que han ido creando vínculos con algunas
autoridades locales haitianas para brindarles apoyo y muchos han empezado a
solicitar frutales para sembrarlos de su lado.
En la comunidad de Guayajayuco, donde parte de su población
se ha ido adentrando a la cordillera Central, la DGDF tiene pensado construir
casas en la parte baja y crear algún programa que les permita sacarlos de allí
y reforestar la montaña.
El Grupo Jaragua administra en el municipio de Oviedo, en
conjunto con el DFDF, un modelo agroforestal con plantas adaptadas al clima
seco “que trata de imitar la vegetación del bosque natural de la zona, y no
requiere de irrigación artificial, algo que es además positivo para los
escenarios de mayor aridez causada por el cambio climático”.
En lugar de reforestación, Yvonne Arias, directora ejecutiva
del Grupo Jaragua, prefiere hablar de restauración de sitios con plantas
propias del lugar.
“La frontera tiene su propia biodiversidad y nadie la puede
ir a cambiar. Si donde va guayacán pones pino, lo más probable es que los pinos
se van a morir”.
El tema de la reforestación, dice Pérez, no se puede ver con
una varita mágica, sino como una construcción seria que va acompañada de
prácticas agrícolas sostenibles y la diversificación llega, por ejemplo, hasta
la industria de la miel, un renglón en el que ya están trabajando y capacitando
a los comunitarios.
yaniris.lópez©listindiario.com
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