Santo Domingo-01-03-2021,- RD, Justo un lunes 1 de marzo, pero de 1993, a las 2:00 de la tarde se dispararon todas las alarmas del país. Un asalto a mano armada fue ejecutado por un enmascarado en el Banco del Progreso de la avenida Independencia con esquina Socorro Sánchez, en la capital dominicana.
La tensión mantuvo en vilo a la población dominicana, no tan
solo las 12 horas que permaneció el atracador encerrado con cinco rehenes en la
entidad bancaria, sino también en los días posteriores a ese trágico momento
con desenlace fatal.
Todo se inició cuando el médico cirujano Cristóbal Eliseo
Payano Rodríguez, con el rostro cubierto por una máscara de payaso, tomó como
rehenes a una docena de personas mientras asaltaba el referido banco.
Una de las empleadas dio la voz de alerta. Era una joven
embarazada que estaba conversando con la gerente de Recursos Humanos de la
sucursal principal, quien era la esposa de Payano, inocente de que su marido
era quien cometía tal acto.
La policía rodeó el lugar antes de que el asaltante huyera
con RD$3,380, un cheque valorado en RD$10,000 y dos anillos en el carro de la
gerente de la entidad bancaria, Gilda Suero de Arias.
Durante el tiempo que el hombre de la máscara quedó atrapado
en el local con empleadas del banco como rehenes, roció con gasolina diversos
puntos y objetos del lugar, y provocó varios incendios para presionar a las
autoridades.
Desde fuera, los agentes policiales trataban de negociar con
el atracador su entrega, pero la confianza en el coronel Mario Peguero Hermida,
encargado del Departamento de Homicidios de la Policía Nacional (P.N.) y
principal autoridad en el hecho, se desmoronó tras este rescatar a una rehén
que Payano había permitido salir para buscar la llave del carro de la gerente,
como había acordado con el oficial.
A medida que pasaban las horas, la tensión aumentaba entre
los espectadores; especialmente cuando no se pudo observar más, ya que el
enmascarado había ordenado que cerraran las cortinas y apagaran las luces.
Entre periodistas, militares y mirones, se encontraba Ramón
Carmona, un corresponsal dominicano para el canal Eco de la cadena mexicana
Televisa, quien acababa de llegar agotado al país tras cubrir la crisis
provocada en Haití para ese entonces por un gobierno de facto presidido por
militares.
Su experiencia en situaciones parecidas le pronosticaba el
desenlace fatal.
“Mi experiencia en golpes de Estado y guerras me decían que
esto iba a terminar muy mal porque no
había un mando, demasiada gente mandaba”, expresó al rememorar lo ocurrido ese
día.
Distintas figuras estuvieron realizando negociaciones, tales
como el director del periódico El Nacional, Radhamés Gómez Pepín; Freddy
Beras-Goico, productor de televisión; el sacerdote Francisco Reus, de la iglesia
Episcopal y el entonces alcalde, Corporán de los Santos junto a monseñor
Francisco José Arnáiz, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santo Domingo.
Incluso, el mandatario de la época, Joaquín Balaguer, le
ofreció un salvoconducto a Payano para irse del país sin ser juzgado. Sin
embargo, lo que le interesaba era escapar con dos rehenes, más monseñor Arnáiz
y Corporán y un celular abierto para más tarde indicar dónde dejaría a las dos
señoras.
Carmona, al igual que el psiquiatra y comunicador Máximo “Tutín”
Beras-Goico, advirtieron a Freddy que no saldría vivo del asalto si se
intercambiaba por una rehén, confiado en que podía convencer a Payano de la
locura que estaba cometiendo.
Fue entonces que Tutín, en calidad de experto de la salud
mental, le expresó a Freddy en un diálogo presenciado por el periodista Luis
Eduardo Lora, mejor conocido como Huchi Lora, que no se trataba de un
delincuente cualquiera, sino de un psicópata.
La desesperación del asaltante no era por obtener el dinero
para saldar sus deudas, sino la incertidumbre de si lograría escapar sin ser
identificado, por eso solo expresaba la consigna “fuga o muerte”, título que
lleva un libro sobre este caso, escrito por el referido periodista.
Pasada las 12:00 de la madrugada la tortura continuaba, las
empapaba con más gasolina mientras en un edificio contiguo las autoridades se
reunían para seguir las negociaciones y brindar una solución.
De su lado, Freddy, desde el programa Punto Final logró
comunicarse con la gerente de la sucursal. Doña Gilda Suero manifestó en la
llamada telefónica la advertencia que puso en suspenso a toda la ciudad: en
cinco minutos mataría a una de las rehenes frente al cristal del banco para que
todos los espectadores supieran que “no está relajando”.
Ciertamente, no lo estaba. Con un cuchillo torturó a doña
Gilda, paseando la navaja por su espalda mientras ella imploraba en televisión
nacional que no la lastimara.
El nerviosismo, ansiedad y desesperación del señor con careta
de payaso era tal que, cumpliendo su promesa realizada ante Freddy, paró a la
conserje del banco, Alejandrina Figueredo, de espaldas al ventanal de vidrio y
con su rostro frente al reloj para que contara los minutos que le restaban de
vida.
Junto a otros periodistas que cubrían el hecho, se encontraba
Huchi, quien al ver cómo el terror y pánico torcían el rostro de Figueredo, se
acercó para mediar con el enmascarado, quien le hizo entrar de espaldas al
establecimiento.
Una rehén lo requisó y posteriormente lo empapó con gasolina,
recuerdo que de vez en cuando le invade al ir a las bombas dispensadoras de
combustibles e identificar el olor del líquido. Luego de eso, en conversación
con periodistas de Listín Diario, cuenta con desagrado que perdió piel de la
espalda tras el contacto con el carburante.
“Me tocará matarte a ti”, le dijo Payano a Huchi, a lo que
respondió: “Te lo van a agradecer”, puesto que en su ejercicio periodístico
acostumbraba denunciar los crímenes cometidos en la época de Balaguer.
Pasaron 12 horas de iniciado el atraco cuando Huchi abrió las
puertas del Banco. Salió escoltando a Payano, doña Gilda iba a su derecha,
Celeste Paulino era la siguiente, mientras que en el otro extremo estaba María
del Carmen Cabral.
Huchi iba con las manos sin atar porque era quien conduciría
a Payano a su destino, mientras que la gerente y su asistente estaban amarradas
al antebrazo del doctor.
Fue el coronel Durán quien boicoteó el escape con un disparo
fallido que realizó desde un balcón sobre el banco. El brazo de doña Gilda fue
el que recibió la primera bala, el dolor era inexistente hasta que Payano se
apoyó en él para disparar con una pistola calibre 9mm hacia donde María del
Carmen Cabral se había escondido aprovechando el desconcierto causado por el
primer tiro.
Listin Diario: Yadimir
Crespo


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