El Congreso de Estados Unidos valida el triunfo de Biden y Trump acepta la transición
EFE - 10/01/2021, Tras una de las jornadas más convulsas de la historia de Estados Unidos, el Congreso estadounidense ratificó este jueves el resultado de las elecciones de noviembre, y el presidente saliente, Donald Trump, se comprometió finalmente con una “transición ordenada” del poder al mandatario electo, Joe Biden.
El Congreso que validó la victoria de Biden no era el mismo
que se había reunido catorce horas antes para empezar a contar los votos electorales
de cada estado en los comicios de noviembre, como demostraron los destrozos en
la sede de la Cámara de Representantes.
Después de casi cuatro horas de asalto de los seguidores de
Trump, que marcharon hacia el Congreso incitados por el propio presidente
saliente, los legisladores de ambos partidos consideraron importante retomar la
misma noche del miércoles la sesión que interrumpió la inaudita insurrección en
Washington.
PENCE CONFIRMA A BIDEN
COMO GANADOR
“A quienes desataron hoy (miércoles) el caos en nuestro
Capitolio: ustedes no han ganado. La violencia nunca gana”, dijo el
vicepresidente saliente de Estados Unidos, Mike Pence, cuando se reanudó la
sesión conjunta de ambas cámaras, a última hora del miércoles.
Más de siete horas después, la sesión concluyó con Pence, que
durante los últimos cuatro años ha sido el escudero fiel de Trump, declarando
la derrota de ambos en las elecciones de noviembre, y la victoria de Biden y la
vicepresidenta electa, Kamala Harris.
“Este anuncio (...) debe considerarse una declaración
suficiente de quiénes son las personas elegidas como presidente y
vicepresidenta de Estados Unidos”, afirmó Pence pasadas las 03:40 de la
madrugada en Washington (08:40 GMT).
TRUMP PROMETE UNA
“TRANSICIÓN ORDENADA”
Inmediatamente después, Trump distribuyó un comunicado en el
que se comprometía a “una transición ordenada el 20 de enero”, cuando Biden
llegará al poder, aunque volvió a mostrarse “totalmente en desacuerdo con el
resultado de las elecciones”.
“Siempre he dicho que continuaríamos nuestra lucha para
asegurar que solo se contaban los votos legales. ¡Aunque esto representa el fin
del mejor primer mandato en la historia presidencial, solo es el comienzo de
nuestra lucha para Hacer a Estados Unidos Grande de Nuevo!”, añadió, citando su
lema electoral.
La declaración de Trump, publicada en Twitter por su asesor
de comunicación Dan Scavino, fue probablemente lo más cerca que estará el
mandatario saliente de reconocer la derrota en las elecciones, algo que ha prometido
a sus seguidores que “nunca” hará.
EL FIN DE UN PROCESO
MÁS LARGO DE LO HABITUAL
La ratificación en el Congreso completó por fin un proceso
electoral que comenzó el día de las elecciones y debía haber concluido cuando
el Colegio Electoral -el órgano competente en este ámbito en Estados Unidos-
confirmó el triunfo de Biden, el pasado 14 de diciembre.
La sesión en el legislativo estadounidense está prevista en
la Constitución como un mero trámite ceremonial para corroborar que todos los
estados han transmitido a Washington sus resultados en orden.
No obstante, un Trump en plena deriva antidemocrática se
empeñó en presionar a sus aliados en el Congreso y al propio Pence para que se
arrogaran unos poderes que no les corresponden bajo la Constitución, e
interfirieran en la sesión.
Pence ya adelantó antes de que empezara el miércoles la
reunión que no estaba dispuesto a hacerlo, rompiendo la lealtad acérrima que ha
demostrado a Trump durante los últimos años, ante la imposibilidad de seguir
sus deseos sin violar la Constitución.
Un centenar de congresistas republicanos en la Cámara Baja y
casi una decena de senadores sí entraron sin embargo en el juego de Trump, y
consiguieron desatar un debate sobre la posibilidad de no contabilizar el
resultado de las elecciones en el estado clave de Arizona, donde ganó Biden.
Los legisladores estaban debatiendo sobre ese tema cuando se
produjo el asalto al Capitolio, y cuando volvieron al pleno seis horas después, siguieron
discutiendo acerca del desafío a los resultados en Arizona, que finalmente
fracasó en sendas votaciones en las dos cámaras.
Otra objeción similar en el caso de Pensilvania desató un
debate de dos horas en el pleno de la Cámara Baja, pero finalmente también
naufragó, como también ocurrió en el Senado.
“UNA MANCHA” IMBORRABLE
EN EL CONGRESO”
La insurrección de los seguidores de Trump en el Capitolio
disuadió a al menos tres senadores republicanos de seguir adelante con su plan
de respaldar el desafío en varios estados clave, y nadie en la Cámara Alta
presentó objeciones al resultado en Georgia, Michigan, Nevada o Wisconsin, como
estaba previsto inicialmente.
El líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, se había
opuesto al intento de sus colegas de cuestionar el resultado de las elecciones
en la sesión, y pidió desarrollar el proceso sin contratiempos después de la
“insurrección fallida” en el Capitolio.
Chuck Schumer, el líder de la minoría demócrata en el Senado,
fue más duro al resumir una jornada infame, y culpó a Trump del caos en el que
derivó lo que debía haber sido un mero trámite.
“Esto será una mancha en nuestro país, que no se borrará
fácilmente. La última (muestra) del terrible e indeleble legado del presidente
número 45 de Estados Unidos, sin duda el peor que hemos tenido”, afirmó Schumer
en el pleno del Senado.

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